De vuelta al mar

By Errante Urbano
Nada había cambiado. A pesar de que hacían sus buenos 2 años que no lo visitaba San Bernardo seguía estando igual que siempre. Mañanas calurosas, mediodías agobiantes y húmedos. La marea siempre alta que se come la playa, acortándola. Atardeceres prolongados, noches frescas. La peatonal con sus luces y negocios y la gente que va y viene a paso de tortuga. El paseo de los artesanos, sus tiendas amarillas con luces de colores, atrayendo clientes con vistosos mostradores. La tranquilidad de las calles durante el día, dado que la mayor parte de la gente está en la playa (llueva o relampaguee). El clásico lugar vacacional del Partido de la Costa.

Claro que dudo que se hayan metido en este sitio para leer algo colorido y lindo, así que vamos a lo que nos compete. Costa o no, sigue siendo “nuestro” país, y es por eso que ellos no dejaron de estar allí. Así es, incluso a San Bernardo han llegado nuestros pintorescos engendros.Es increíble que uno jamás se salve de encontrarse con estos entes capaces de hacer resurgir nuestros más profundos temores.
En fin, viajé un día medio nublado a la mañana, en el horizonte las imponentes nubes actuaban como un oráculo de los acontecimientos. Iba a llover como la hostia los primeros 2 o 3 días.

Dicho y hecho, nublado, algo de frío, pero siempre hay más de un loco metido en el agua. No obstante no eran tales mis ansias de disfrutar de la translucida e impoluta agua de la costa, así que me cambié y me fui a caminar por la peatonal.

En el camino llegué a un imponente local que se encontraba en una esquina, era un local de cosas árabes, o sirias, no entendí muy bien. Miles de cosas estaban en exposición, figurillas, pirámides, platos, alhajas, etc. Atraído por este sin fin de cosas y colores ingresé en el local. Tras un corto paseo me topé con unas cajitas de colores muy interesantes. Tabaco. Interesado le pregunté al vendedor, un sirio que apenas entendía 2 palabras en español, si eso era realmente lo que yo creía, y me contestó que sí. Logré que me explicara que no venía armado, así que iba a tener que armarlo yo. Chocho, compre 2 cajas, una de tabaco con banana y otra de tabaco con coco. Los aromas flotaban en el aire mientras me pasaba las cajas por debajo de la nariz. Me recordaban a… fruta.
Sirio de mierda. Llegué al departamento, no sin antes pasar por otra vidriera y reflexionar acerca de por qué alguien le pondría de nombre “HALLOWEEN” a una santería (hay que ser pelotudo…).
Había comprado unas sedas para armar cigarrillos, y cuando empiezo a desenvolver el tabaco de banana, me encuentro con un pastiche de hojas, cascara y miel espantoso. Un mejunje de procedencia dudosa extremadamente aromático. Ahí fue cuando comprendí lo que había comprado. Tabaco para pipa de agua. Sirio del orto! Claro! Porque aca nadie sale a vacionar sin una pipa de agua! Hubiese ido a meterle toda esa pasta por el orto hasta la nuca. Pero orgulloso como soy, preferí no decir nada y bancármela por boludo. Solo yo confío en un sirio a la hora de comprar.
En otra ocasión, no me pregunten por qué, decidí entrar en una casa de DECO hindú. Al principio note que algo no cuajaba muy bien, luego comencé a caer en la cuenta así que me di vuelta y me fui. La incongruencia de estar en una tienda de decoración hindú atendida por una rockera alterno-trash que escuchaba La Renga a todo volumen me superó plenamente.

Tampoco faltaron los engendros de siempre, el flaco con la chopera y cincuenta piercings en la cara. Y las viejas (the power of Christ compels you!) que estorban en la calle. Una vez íbamos caminando con mi chica y de golpe la calle se achicó, de un lado una entrada a unos juegos para chicos, del otro un puesto de diario. Adelante nuestro, dos vejestorios. Mi novia exaltada les pasa casi por encima y al mismo tiempo les dice con una voz iracunda “JUUUUSSSTO EN EL MEEEDDDDIIOOOOOOOOO?!?!?”. Me asombró, no por la escena, sino por el mal que parezco estar engendrando en esta chica. En la soledad de este cuarto, me aplaudo.

Pero la calle no fue todo. También estuve en la playa donde viví otras coloridas experiencias. Tras ponerme un pomo de factor 30 todos los días, iba a la playa. Ahora, que loco no? Si vas a la playa te pones protector, ahora, si vas a pasear por la calle no. Qué onda? Somos boludos que pensamos que el sol discrimina?

En fin, allí iba yo, vieranme, caminando en malla y remera por la orilla del mar. Reflejando más luz que un espejo. Allá va el porteño recién llegado, véanlo lucir su blanco teta. Y así como fui, vine, porque no me quemé.

Caminaba por el agua, fría como la gran p…, mientras a mi alrededor se llevaba a cabo un circo que me hizo recordar que la gente toda, en alguna parte de sí, es bicha. La escualiducha con la bikini que se le arruga por todos lados porque no tiene nada que sostener. El pajabrava que se depiló el pecho y anda rascándose a lo pavote. La vieja con la musculosa beige y las calzas a rayas rojas (no, no es joda, vi una así traída de la máquina del tiempo). Y los infaltables pendejitos que van de un lado a otro tirándose arena con las manos, las palas, o los baldes, mientas corren salpicando a todo el mundo. Inocentes y jocosas criaturas del señor… malditos sean.

Pero nada, nada de todo ello, me había preparado para encontrarme con esta revelación. Una imagen que quemó mi retina y marcó mi existencia para siempre. Al principio pensé que era un lobo marino, pero luego recordé que esto no era Mar del Plata ¿Entonces qué hacía esa morsa ahí? La gorda, que indefectiblemente vive en la negación, se había puesto una bikini hecha de piolines y se había mandado nomás a la playa. Hija de puta!


Eso sí que es no solo no tener derecho, sino tampoco interés alguno por el bien ajeno. Hay leyes que prohíben esto! Colosal como heladera con peluca, se la presento a ustedes, como bien dijo un amigo, “La reencarnación de Buda”.









Así que bueno. Fueron unos días muy interesantes en la costa. Volví en bondi y como siempre, viajando con la mejor clase.










Pero los cielos hablan verdades, y no han jamás de ser denegadas. Por alguna razón mis horizontes no han sido brillantes, más la razón la he aún de descubrir. Los oscuros augurios aún me atormentan.


Pero bueno, ya veremos qué onda, por lo pronto les mando un saludo a todos aquellos que han tenido que tolerar mi presencia. Sí, el abanico lo rompí yo, perdón. Los pedazos están en el florero de la mesita del televisor.
 

6 comments so far.

  1. Hang Tucker 9:43 PM
    Irrepetible post, inmejorable!... Muy buena descripción del sirio y la marsopa.

    Menos mal que vamos quedando pocos... qué fauna.
  2. Crimson King 12:45 AM
    Agradezco en verdad el comentario. Me complace saber que no soy el único que percibe este zoologico urbanoque nos rodea
  3. Muy buena sinópsis de los días de vacaciones...
    pd:viva el plagio!!! la imagen habla por si sola...
  4. Anita 10:29 PM
    Sos tan tarado
    pobre pibe
    y lo que menos tenes es facha
  5. Errante Urbano 5:45 AM
    No se quien goma serás Ana... ni cuando hayas dejado el comentario porque hace más de un año que no me meto a revisar el blog. Pero gracias, tu comentario me implica que te lo fumaste entero y en detalle jejejeje y si no te gustó me place aún más que si lo hubiera hecho :)
  6. Errante Urbano 5:45 AM
    Ah...
    PD: me sobra la facha y te cabe

Something to say?