Otro día en la fauna

By Errante Urbano
Miro hacia atrás y recuerdo ese día como si hubiese sido ayer…

…cuestión que mientras cruzaba la calle iba abriendo la cajetilla que llevaba en la mano. Saqué de ella un cigarrillo, y aprecié su aroma con una profunda y delicada inspiración. Con sutil y casi imperceptible movimiento de muñeca di llama al encendedor y encendí el cigarrillo. Cerré los ojos mientras me deleitaba con una buena pitada. Retuve el aire en la boca y a medida que lo comencé a lanzar me preparé para enfrentar esa realidad tan ajena a la de entre casa. Y lo que vi… me pareció una soberana mierda.

Cagadas de perro por todos lados, había llovido el día anterior, y por esas razones que uno no entiende a los perros se les revuelve el intestino cuando llueve, razón por la cual la calle parecía una zona minada. La temperatura templada y el cielo ambiguo (nubes por un lado, despejado por el otro, encapotado a lo lejos) hacían de ese día, un día más en la Capital Federal.

Mientras me aproximaba a la parada del colectivo venia relojeando que en la vereda de en frente había un negro con una caja de madera a los hombros con macetitas que tenían unas flores bastantes maltrechas. No tardó este en verme y cruzó corriendo en mi dirección. Reacción instantánea ante el estimulo de ver a un ente de estas características corriendo hacia mí con una caja por arriba de la cabeza, cerré los puños y puse mi mejor cara de “tirame la caja y sos boleta negro”.

“He vieja! Cinco peso’ las arañita’!! Cinco peso’ noma’ papá! ¿No queré’ arañita??”- Me atacó.

“Que baratas están las arañitas…” Pensé yo, “Y que caras las Ss porque ni una hijo de puta…”

Tras deshacerme del elocuente vendedor proseguí mi rumbo a la parada del colectivo. Recurrí a la regla universal de “me prendo el pucho y seguro que viene” y me di de entero a ello.
Tras encender el quinto cigarrillo vino el colectivo. Me subí y me arrimé furtivamente en la fila de asientos individuales buscando a aquella vieja que más pinta de bajarse pronto tuviera. Tras divisar a una con la cartera en la mano y haciendo amagues de levantarse, me apostillé a ella.
Dicho y hecho, quiso el universo regalarme un rayo de sol, la vieja se bajó a la siguiente parada. Me senté rápidamente mientras con el rabillo del ojo veía a un pelotón de viejas trepar por la puerta de entrada. El viaje siguió sin novedades por un tiempo.

Ya casi llegando a la zona de Montserrat asciende al colectivo una belleza exótica de piel morena y pelo oscuro y lacio. Vestida con unas sandalias rojas de tiras cuyos nudos subían por encima de los tobillos, una minifalda de jean, una suerte de pulóver rojo escarlata, un saco de media estación y cartera al hombro. Mientras la veo aproximarse con intención de sentarse en el asiento delante mío le dedico un pensamiento:
“…toga…”
Mientras prosigo mirando por la ventanilla mi atención se ve captada por los bruscos movimientos del ser fémino delante de mí que no lograba acomodarse como quería. Se mueve hacía un lado, hacia el otro, se levanta, se sienta, se saca el saco, no, no lo hace… se cerciora de que la ventanilla está abierta y aleja su rostro de la misma para luego impulsarla en esa dirección, como dando un violento cabezazo, que acompaña con el gutural sonido de poderoso escupitajo….

“GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHSSSSSSSSSPPPPPTTTTT!!!!!!”
...


…ATONITO ante semejante acto de barbarie miro con asombro la trayectoria del flamante garzo que cerca estuvo de aterrizar en la cabeza de una señora que caminaba por la vereda. Dirijo la mirada hacia la fémina, la cual se hacía terriblemente la boluda e intento buscar miradas cómplices en los demás pasajeros del colectivo. Pero para mi asombro nadie pareció haberla visto, o peor aún, a nadie le pareció siquiera mal.

Algunas paradas más tarde, la mujer ya no estaba y el colectivo iba bastante vacio. Mientras estoy estancado en un semáforo en la zona de Tribunales, en la calle un ente de características llamativas capta la atención tanto mía, como la de todos los demás pasajeros, conductores de vehículos y transeúntes de esa esquina. Se trataba de un travesti que llevaba unas calzas de tiro bajo, bastante bajo. Tan bajo que dejaba entrever toda la mitad superior de su culo en el cual llevaba clavada, a fuerza de tirones, una tanga negra muy finita. Iba con un top y caminaba en una posición exagerada, por no decir ridícula, para sacar culo y pecho al mismo tiempo. Pero lo peor de todo no era nada de esto. Sino que el muy sátiro estaba totalmente pelado y llevaba bigote al mejor estilo Alfonsín.

Pasado este penoso acto se suben una mujer de mediana edad vestida con musculosa y pollera larga negras, rubia, arreglada, y un hombre vestido con vaqueros y camisa de jean con acento aparentemente del interior. El sujeto iba hablando con la mujer mientras esta intentaba cortarle el diálogo y alejarse de él. Evidentemente ya desde la parada ella tenía los ovarios al plato y el tipo no cortaba con la verborragia. Tras sacar el boleto el tipo se sienta en el primer asiento de mi misma fila (la individual), el que mira para adentro del colectivo, y ella se sienta en la misma fila, mirando para adelante, pero dejando un asiento de por medio. Ya no cabía duda, no venían juntos. Durante el trayecto él alzaba la voz para hacerse oír por encima de los ruidos del motor y de la calle, y ella le contestaba poco y nada.
Finalmente la mujer se levanta y se dirige a la puerta de descenso de en medio del colectivo. Y el tipo, sin dejar de mirarla, comienza a abrir la boca. Pero esta vez no es una palabra lo que sale de ella sino un espumante salivazo que impacta sobre la pollera negra de la mina sin que esta se dé cuenta.
¡Hijo de puta!

Cuando me tocó bajarme a mí me apoyé en la baranda de forma tal de quedar mirando en la dirección del sujeto, no fuera a ser que me quisiera escupir a mí también… Pero por suerte nada pasó. No me culpen por ser precavido, ya había visto suficientes escupitajos como para quedar susceptible.

Tras bajarme en mí parada, un rincón del planeta olvidado por los dioses, donde el sol pega durante todo el día y donde el calor de las baldosas te derriten la goma de las zapatillas, respiré hondo y me encaminé a la universidad. Tras atravesar ese hostigante flagelo de calor llegué por fin al refugio del edificio.
Unos minutos y dos cafés más tarde me encontraba en el aula donde se dictaba, si mal no recuerdo, la materia Impuestos.

Normalmente mis días tienen una cuota de bizarreada, y ese día ya la había cumplido. De ahí mi asombro al ver que las sorpresas no habían terminado.
A mi lado se sienta un tipo grande, corpulento, gordo, vestido con jean y remera blanca. De pelo color zanahoria, brazos pecosos, pelo ralo y casi imperceptible en una piel engordecida y que supuraba una especie de grasa antinatural. El sujeto, no hace falta que lo diga, tenía cara de nabo y era feo. Pero como broche de oro, como para rematar el día, tenía tatuado en el brazo un trébol de cuatro hojas de apariencia bastante homosexual…
¿Cómo es un trébol de apariencia homosexual? Esa es una pregunta que responderé en otra ocasión.

En fin… un día más en fauna porteña. ¿O no?
 

3 comments so far.

  1. Anónimo 3:06 p. m.
    Tuve que para de leer porque no podía contener la risa. Muy buen relato!!!!
  2. Anónimo 3:12 a. m.
    Esa máquina infernal!!!!
    Si de contar una cuota de bizarrada del día se trata, aquí te dejo mi aporte…
    Asiduamente sucede que hay un transporte que parece ser internacional para mi, no es el 60 en este caso, sino el famoso 41, esa cosa amarilla que seguramente todos distinguimos desde lejos. Sucede que en mi vastísima experiencia como pasajera de dicho transporte he presenciado muchísimas bizarradas, todos entenderán…
    Esta vez mi destino era: Facultad de Psicología, es decir, Independencia y Urquiza, lo que equivale a un viaje de aproximadamente 45´con viento a favor! A la altura de Las Heras y Austria, allí por donde está el Htal. Rivadavia, sube al colectivo una cantidad de gente: mujeres, madres con niños y bebés, viejos, viejas y el último lugar fue para el gentil señor que dejó subir a media docena de personas antes que él. A esa altura el chofer comienza a arrancar, claro, estuvo como 4´ parado hasta que subió toda esa gente, el semáforo ya cortó, el colectivero viene atrasado, entonces empieza el famoso: ARRRRRRRRRRRRRIBAAAAA!!!.. Vamos que nos vamos!!... A ver si se corren para atrás, atrás está todo vacío!!! Pedazo de ciomes, se quedan acá adelante todos apretados como mamuts!!! Y la gente se empieza a mirar y tímidamente se va corriendo hacia el fondo. A todo esto el colectivero nos llevará a destino en una velocidad intrépida, plagada de aceleradas y frenadas como si estuvieras en el samba; y todo por el mismo precio señores!! (Es una entrada al parque de diversiones super económica, ya que vemos a personajes distintos y las peripecias que hace el colectivero con esa máquina infernal se asemejan al martillo, el samba, la montaña rusa, etc.)
    Llegando al Htal Alemán, sube un personaje de las siguientes características: Alto, de pelo enrulado, el cual estaba atado formando dos colitas, sisiisiss!!! dos colitas!! un sobretodo largo negro, pantalones y remera negra, una guitarra colgada tipo de bandolera y un sombrerito negro con ala, pero no se imaginen mal, el mismo era de plástico, es decir el tipo seguramente va al cotillón y le dice al vendedor: me das un sombrerito de esos, que tengo que salir a la calle!?!? Nonono!!! Y ahora si que viene la frutilla del postre.. en la mano el tipo tenía un tiki taka, se acuerdan? Bueno, uno de esos, el cual agitaba y repetía en voz baja y con ritmo: tikitaka, tikitaka..
    A esta altura el bondi ya estaba en las inmediaciones de Plaza Miserere, a todo esto un tipo toca el timbre para bajar y la puerta se abre y.. BUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.. se desplomó la puerta!!! El colectivero enajenado, puteando a más no poder, se levanta a una vieja que estaba en medio del pasillo, atónita le lanza un: A VEEEERRRR!!! La vieja se corre, el tipo con el dedo casi petrificado a la altura del timbre y el colectivero que baja a la calle agarra la puerta con toda su furia y la tira en medio del colectivo, el otro pobre baja; el colectivero dobla por Rivadavia para pronto agarrar Urquiza y felizmente llego a la facultad.
    Estas son las hermosas delicias de mi vida, cuando viajo en el 41!!
    Lau.
  3. Errante Urbano 3:23 a. m.
    Y yo pensaba que el 39 era una caja de sorpresas... Una parte de tu relato me hace recordar cierta vez que estaba con el mp3 en el colectivo y sin darme cuenta me apoyé en el timbre y empezó a sonar, claro, lo unico que llegue a escuchar fue cuando el colectivero me gritó "CORRETE DE AHÍ PELOTUDO!"

Something to say?