No recuerdo con exactitud la fecha en la que empecé a notar que nadie se salva de ser un poco garca. Pero, no obstante, si recuerdo cómo pasó. Encontrabame junto con un amigo en la casa de un flaco que había ido a la reciente exposición de Ciruelo, y se había comprado un póster con un impresionante dibujo de un dragón... Lo más impresionante en sí, no era el dragón, sino que yo, no siendo un fanático del artista, reconocí el dibujo. Se trataba de un dragón posado en una piedra en una costa con un cielo anaranjado de fondo. Pero lo que me llamó la atención fue que el dibujo discernía del que yo había visto. En el de Ciruelo, el cielo era despejado, y la cara del dragón era redondeada, mientras que en el que había visto yo el cielo era tormentoso y la cara del dragón angular y con muchas púas. Fue entonces que mi mente hizo un cálculo físico cuántico a la velocidad del rayo. El dibujo que había visto originalmente tendría en ese entonces unos 10 años, o sea, era anterior a que Ciruelo fuera "famoso" por así decirlo. Y honestamente, dudo de que el yanqui que lo había dibujado copiara el dibujo de este tipo. No creo que un yanqui hace 10 años buscara "dragones" en Google, encontrara el dibujo de Ciruelo y lo copiara, no obstante si era más probable que Ciruelo hoy en día buscara "dragones" en Google y encontrara el dibujo de un yanqui. Tras todo este razonamiento le dije al flaco que había comprado el póster "¡ES UN PLAGIO!" y tras una discusión me mandó a cagar.
Ahora bien, todo este legado de garquitud bien podría datar desde los principios del mundo. Tomemos por ejemplo una pequeña fábula creada por nuestro amigo Maese Insanity.
Nos encontramos en la Edad Media. Arturo y Lancelot, tras una entretenida cacería de bandidos entran a una taberna. Suena la música de juglares y bardos acompañada por las canciones y la luz de las titubeantes velas. La alegría y la cerveza rebozan por las bocas de todos. En un rincón apartado 2 doncellas hacen de las delicias de las miradas.
Arturo y su compañero se aproximan:
Arturo> Hola chicas -sonríe galantemente y hace una reverencia-, me llamo Arturo -y tras guiñar un ojo-. Soy rey.
Las muchachas se remueven en sus asientos, acelerados sus latidos. Sonríen y le preguntan
Muchacha> Oh vaya!... que honor mi señor, y como se llama el hombre que lo acompaña.
Arturo, haciéndose soberanamente > Heerrm… no, no importa.
Hablan y ríen, y tras pasar un buen rato vuelven a preguntar por el nombre de su compañero. Nuevamente Arturo se incomoda y no le da importancia a la pregunta. Así unas cuantas veces más hasta que se torna insostenible.
Muchacha> Pero mi señor, de veras nos gustaría saber el nombre de este joven caballero.
Arturo bufando y bajando la cabeza les contesta:
Arturo> Lacelot…
Muchachas> Aaaahhh bueeeeeno!!!!!
Entiéndase, en inglés, LANCE-A-LOT (Mucha Lanza, o sea… Zodape al 3500).
Obviamente sucedió lo inevitable, las muchachas se fueron con Lancelot y Arturo se prometió nunca más volver a salir de levante con él.
Ahora, por qué este comportamiento no nos resulta del todo extraño aún tratándose de una fábula. ¿Porque las mujeres son garcas? Si, quizás, pero dudo que hayan aprendido a serlo por si mismas, a fin de cuentas comparten sus existencias con nosotros. Con lo cual llegamos a la conclusión de que todas las personas somos una mierda.
Es probable que muchos de ustedes se digan “naaah, no es así” y es para ello que paso a enumerar situaciones:
- El tachero al que le decís “Calle 1 y 2” y te deja sobre la 2, siendo que estaba sentado que ibas sobre la 1.
- Las viejas que en lugar de ocupar los asientos reservados en el bondi ocupan los normales y vos que estas parado te veas en una cuestión ética al decidir si sentarte o no en los reservados
- Las viejas y las monedas en el bondi (solo a ellas les come las monedas).
- La vieja chota que de todo el bondi elije pararse al lado tuyo para que VOS le cedas el asiento.
- El tachero que no tiene cambio.
- El kiosquero que no tiene cambio (“no querés caramelos?” NO FLACO!)
- La pelotuda que se te cola en algún lado y se hace la inocente “ay, no sabía”… tsé.
- La mogólica que va con el paraguas abierto en la calle, cuando ya paró de llover y casi te saca un ojo con una de las puntas.
- El que no te quiere decir dónde esta la parada del bondi.
- El profesor que no te contesta la boludes que le preguntaste.
- El que pego el chicle debajo de la mesa para que vos lo toquetees bien si metes la mano abajo.
- El que te cerró el ascensor en la cara.
- El que te llama para ofrecerte algo a tu casa y te putea cuando le decís que no.
- Los que te dicen que no cuando los llamas para ofrecerles algo y se merecen tu puteada.
- El albañil que labura mal y poco.
- Al que le decís “buen día” por cortesía y no te contesta.
- El pelotudo que te dice “buen día” cuando VE que estas de malas.
En fin, la lista es eterna. Pero creo que mi punto quedó aclarado.
La cuestión es que no existe nadie que no haya atravesado algunas de estas situaciones. Situaciones en las cuales uno piensa “Que hijo de puta…”. Es prácticamente imposible que exista.
Si viniera alguien a quien nunca se le murió un pariente a un funeral de un familiar tuyo y te dijera “te acompaño en el dolor” le contestaría “¡ANDATE A CAGAR! FALLUTO!”
Yo nunca seguiría a una persona que jamás se topó con un garca en su vida, pues esa persona desconoce la realidad.
Es por culpa de todo esto que el mundo es lo que es, una cagada.
El mundo como está no le gusta a nadie. A nadie le gusta laburar de lunes a viernes. Y lo más asombroso de todo es que ¿Acaso no somos nosotros, los humanos, los que creamos estas reglas?. Somos los gobernantes de un mundo que no nos gusta, entonces por qué no poner manos a la obra para cambiarlo. Simple, porque somos una manada de relajados.
Y es por ser tan pajeros que es más fácil culpar a otro de lo que no nos gusta, y al hacerlo vamos generando odio. Odio que vuelve hacia nosotros. Y al final terminamos odiándonos entre todos y siendo garcas con los demás. Lo cual nos lleva al punto desde donde empecé, la gente es una mierda.
Hay que madurar para aprender a ser buenas personas, y viceversa.
¿Pero quién va a ser tan estúpido para nadar contra la corriente de lo ya estipulado? Yo no. Y de seguro, vos tampoco.
Un abrazo.