Desperfectos cotidianos

By Errante Urbano

Encuentrome aquí hoy en esta noche, reflexionando un poco sobre acontecimientos del pasado. Mientras que de reojo chequeo que la pésima “sit-com” de FOX (no miro otro canal) termine de una vez, intento ordenar mis ideas a fin de sacar adelante este post. Por dios… esta serie es de cuarta, y lo peor es que conozco gente que la mira y dice que es excelente. Idiotas.

En fin, a lo que me compete. No es extraño que cada tanto veamos nuestra rutina sutilmente modificada a causa de desperfectos que se van dando en los objetos que nos rodean. Todo, desde lo más humilde hasta lo más sublime, tarde o temprano termina por cagarse y fallar.

Pero vamos desde el principio. Hace años, cuando cursaba la secundaria siempre iba a comer a lo de mis abuelos y terminaba quedándome casi todo el día allí por una cuestión de comodidad geográfica dadas mis demás actividades. En el departamento tenía un cuarto y un televisor que era mi compañero en esas tardes largas de mi adolescencia. El pequeño problema era que el muy maldito tenía la costumbre de emitir un sutil silbido, muy agudo como para ser percibido, pero era de esos zumbidos que una vez que lo escuchaste, nunca jamás vas a poder dejar de percibirlo. Apagar y prender la tv no daba resultados, desenchufarla un rato tampoco, así que me veía obligado a recurrir a un método más precario. Unos golpecitos con la palma de la mano dieron resultados al principio.
Cabe decir que el televisor estaba en una mesa más ancha que este lo cual me permitía apoyar mis pies a ambos lados del mismo cuando me sentaba frente a él. Esto revolucionó mi método del “Toc toc toc” permitiéndome hacerlo con los pies. Con el tiempo el chifle se volvió más y más obstinado lo cual requirió que aumentara la fuerza de los golpes. Pero a la par la imagen del televisor comenzó a fallar (obvio). O sea que otro problema, ahora no solo chiflaba, sino que cuando lo arreglaba de eso tenía como consecuencia una pérdida de imagen. Claro que a falta de conocimientos técnicos volvía a recurrir al mismo método. Un par de golpecitos y arreglaba la imagen. Finalmente pasaba que el televisor perdía la imagen y chiflaba al mismo tiempo y no había golpe que lo arreglara. Pero el muy cínico tenía la costumbre de hacérmelo a mí. Cuando había alguien más en la habitación se portaba como un duque. Muchas veces cuando yo frustrado de golpearlo al pedo me daba vuelta y me retiraba volvía a funcionar, y no hacía yo más que ponerme de frente nuevamente que volvía a perder la imagen. ¡Me lo hacía a mí!

Esa fue mi primer experiencia con cosas que fallan, al menos que yo recuerde. Demás está decir que un televisor que eventualmente deja de funcionar es el menor de mis problemas. Lo que esta bueno es cuando por ejemplo el lavarropas hace un ruido extraño incluso cuando le pones un par de medias nada más. Entonces a sabiendas de que un par de pataditas no lo van a arreglar llamás a alguien que sepa, o que debería saber. Y lo que esta re bueno es que el tipo que arregla lavarropas viene, lo prende, lo revisa y te dice “Y no… esto anda bárbaro, seguro que metiste algo con hebillas o se te cayó una moneda. Esas cosas suelen pasar”. Cuando tu cara de asombro ante el fantástico esfuerzo del tipo por no querer laburar se vuelve insostenible, y te ves obligado a pagar la visita y no haber solucionado nada ni te explico. Es todo una fiesta.

Quizás mi karma durante mucho tiempo han sido los celulares. Recuerdo cuando tenía un Motorola V220i. Lindo el bichito. Pero de un día a otro comencé a experimentar un comportamiento de lo más inusual. Una pérdida de señal repentina y en apariencia injustificable. Por ejemplo, en la ochava de la facultad tenía toda la señal, un paso fuera de la misma y no tenía nada. En la parada del colectivo, si estaba parado al lado del poste no tenía señal. Cinco pasos (cinco, no cuatro, no seis, cinco) para atrás volvía a tener señal. Yo cuando salgo de mi casa tengo una rutina. Cierro, guardo las llaves, saco los cigarrillos, me prendo uno, guardo todo, meto la mano en el bolsillo, saco el celular y lo prendo. El mismo tardaba exactamente diez (no nueve, no once, diez) segundos en arrancar. PERO (y esta es la más bizarra de todas) si al momento de prenderlo estaba yo cruzando la calle, pasados los diez segundos me encontraría frente a una construcción. Si el teléfono, al momento de “arrancar”, lo hacía en el preciso instante de estar parado en ese metro cuadrado entonces se reseteaba y tardaba como veinte segundos en volver en sí. Miles de veces conté esto y todos me miraban con la misma cara de incredulidad con la que ustedes me leen hoy. A falta de contar con un teléfono que me resultara funcional, dado que para hacer un llamado me tenía que poner en la pose de “la culebra que canta boleros” me compré uno apenas un poco mejor que prácticamente me lo regalaron. Quiso el destino que al mes de gastar esa plata me cayera de arriba un Razor. Obvio el que compré era inferior, así que me dediqué a usar el V3. Cuando me lo dieron lo hicieron con una sutil advertencia “Mira que a veces anda mal”. No le di importancia, onda… ¡Era un Razor!
Creo que llegué a odiarlo más que el anterior. ¿Por qué no volví al que me había comprado nuevo? Porque soy terco. El bicho este se tildaba. Pero no era algo de todo el tiempo. Era cuando tenía la batería muy llena, o cuando pasaban 5 horas desde haberlo prendido, o tras haber mandado 3 mensajes y hacer un llamado (si, 3 y uno, no 4 y 2, no 2 y 0). Pero era loco, porque se tildaba el display, vos no veías lo que estabas haciendo, pero lo hacías igual. O sea, tipeabas un mensaje y aunque pareciera que no estabas escribiendo, después se destrababa y estaba todo escrito. Esto hacía que uno pasara por alto el pequeño imperfecto. El problema era cuando querías mandar un mensaje de urgencia y se trababa como seis veces durante el proceso. O cuando querías atender un llamado y no te respondía el botón de atender porque el bicho estaba tildado.
Si, lo quería revolear por los aires. Por cierto, vendo V220i y V3 en perfecto estado :)

La computadora que tenía una vez se le venció el rígido al año de adquirirla. Perdí todo.
La que tuve después no andaba la lecto-re-grabadora que venía de fábrica.
El modem del servicio de internet se me venció y antes de que vinieran a cambiarlo tuve que atravesar una épica batalla en la que me ofrecieron miles de soluciones ineficaces a las que me tuve que ver sometido en el transcurso de meses.
El servicio de internet… bueno, tiene sus días.
El calefón no calienta. El agua no tiene precisión. El agua tiene tanta presión que el calefón no llega a calentarla. El calefón esta fuerte siempre. La heladera se descongela sola durante la noche y a la mañana tenés que estar limpiando todo. El conversor no anda. La lectora del equipo de audio esta medio desatinada y hace ruido. Los zapatos me aprietan y las medias me dan calor.
Todas estas eventualidades que se pueden dar por separado, en seguidilla o todas a la vez nos dan ganas de gritar “¡NO ANDA NADA!” y revolear todo a la mierda.

Pero la realidad es que no solo las cosas comienzan a fallar de un día a otro. Muchas veces lo que también falla es nuestra percepción de las mismas.



Perdón… me tildé. Me es terriblemente difícil concentrarme en lo que estoy pensando dado que del otro lado de mi pared tengo un baterista. Mi preciado engendro, recuerdo cuando hace años justificabas tu falta de destreza con la batería a causa de que estabas aprendiendo. ¡¿Y ahora qué excusa tenés?! ¡Es atroz!

Pero volviendo, lo que a veces comienza a fallar es la percepción que tenemos de las cosas. Vale decir, de un día a otro no te gusta más. Si es un objeto lo reemplazas por otro. Ahora, si es tu casa…

Recuerdo bien el día en que decidimos que la cocina necesitaba unas refacciones. Durante el tiempo que empleamos en decidir las dos bobadas que eran necesarias no tardamos en darnos cuenta de una cosa. La cocina nos era disfuncional. Entonces nos replanteamos toda una nueva organización del espacio. Lo cual no solo implicaba tirar toda la cocina abajo sino también, y por qué no, cambiar la puerta de lugar.

No voy a entrar mucho en detalles, me voy a limitar a decir que todas las mañanas despertaba con los infernales golpeteos de los albañiles que llegaban al alba. Recuerdo despertar y ver que todo en mi habitación vibraba al ritmo de esa letanía. Salir al pasillo en pijamas en dirección al baño y toparme con tres o cuatro personas que están tirando las paredes abajo y saludarlos entre sueños lo cual era medio incómodo. Entrar al baño tarareando “bum bum bum bum” al ritmo de los martillazos no es buena señal, pero es mejor que escuchar que del otro lado de la puerta te dicen “¡Cortamo´el agua amigo!”. La tierra, el polvo y los ladrillos rotos eran nuestros compañeros del día a día. Kosovo era más tranquilo.


Finalmente y para terminar. Muchas cosas no andan, o no nos gustan, o necesitan arreglos. Darle unos golpes a veces es satisfactorio y necesario, y otras veces improductivo e inútil. El secreto está en disfrutar esos escasos momentos en los que no hay que hacer nada y todo funciona bien.
Digo esto mientras la pintura del techo se resquebraja y cae sobre mi café y mi sanguchito. Se me acabo la paz, es hora de pintar todos los techos :(

 


De vuelta al mar

By Errante Urbano
Nada había cambiado. A pesar de que hacían sus buenos 2 años que no lo visitaba San Bernardo seguía estando igual que siempre. Mañanas calurosas, mediodías agobiantes y húmedos. La marea siempre alta que se come la playa, acortándola. Atardeceres prolongados, noches frescas. La peatonal con sus luces y negocios y la gente que va y viene a paso de tortuga. El paseo de los artesanos, sus tiendas amarillas con luces de colores, atrayendo clientes con vistosos mostradores. La tranquilidad de las calles durante el día, dado que la mayor parte de la gente está en la playa (llueva o relampaguee). El clásico lugar vacacional del Partido de la Costa.

Claro que dudo que se hayan metido en este sitio para leer algo colorido y lindo, así que vamos a lo que nos compete. Costa o no, sigue siendo “nuestro” país, y es por eso que ellos no dejaron de estar allí. Así es, incluso a San Bernardo han llegado nuestros pintorescos engendros.Es increíble que uno jamás se salve de encontrarse con estos entes capaces de hacer resurgir nuestros más profundos temores.
En fin, viajé un día medio nublado a la mañana, en el horizonte las imponentes nubes actuaban como un oráculo de los acontecimientos. Iba a llover como la hostia los primeros 2 o 3 días.

Dicho y hecho, nublado, algo de frío, pero siempre hay más de un loco metido en el agua. No obstante no eran tales mis ansias de disfrutar de la translucida e impoluta agua de la costa, así que me cambié y me fui a caminar por la peatonal.

En el camino llegué a un imponente local que se encontraba en una esquina, era un local de cosas árabes, o sirias, no entendí muy bien. Miles de cosas estaban en exposición, figurillas, pirámides, platos, alhajas, etc. Atraído por este sin fin de cosas y colores ingresé en el local. Tras un corto paseo me topé con unas cajitas de colores muy interesantes. Tabaco. Interesado le pregunté al vendedor, un sirio que apenas entendía 2 palabras en español, si eso era realmente lo que yo creía, y me contestó que sí. Logré que me explicara que no venía armado, así que iba a tener que armarlo yo. Chocho, compre 2 cajas, una de tabaco con banana y otra de tabaco con coco. Los aromas flotaban en el aire mientras me pasaba las cajas por debajo de la nariz. Me recordaban a… fruta.
Sirio de mierda. Llegué al departamento, no sin antes pasar por otra vidriera y reflexionar acerca de por qué alguien le pondría de nombre “HALLOWEEN” a una santería (hay que ser pelotudo…).
Había comprado unas sedas para armar cigarrillos, y cuando empiezo a desenvolver el tabaco de banana, me encuentro con un pastiche de hojas, cascara y miel espantoso. Un mejunje de procedencia dudosa extremadamente aromático. Ahí fue cuando comprendí lo que había comprado. Tabaco para pipa de agua. Sirio del orto! Claro! Porque aca nadie sale a vacionar sin una pipa de agua! Hubiese ido a meterle toda esa pasta por el orto hasta la nuca. Pero orgulloso como soy, preferí no decir nada y bancármela por boludo. Solo yo confío en un sirio a la hora de comprar.
En otra ocasión, no me pregunten por qué, decidí entrar en una casa de DECO hindú. Al principio note que algo no cuajaba muy bien, luego comencé a caer en la cuenta así que me di vuelta y me fui. La incongruencia de estar en una tienda de decoración hindú atendida por una rockera alterno-trash que escuchaba La Renga a todo volumen me superó plenamente.

Tampoco faltaron los engendros de siempre, el flaco con la chopera y cincuenta piercings en la cara. Y las viejas (the power of Christ compels you!) que estorban en la calle. Una vez íbamos caminando con mi chica y de golpe la calle se achicó, de un lado una entrada a unos juegos para chicos, del otro un puesto de diario. Adelante nuestro, dos vejestorios. Mi novia exaltada les pasa casi por encima y al mismo tiempo les dice con una voz iracunda “JUUUUSSSTO EN EL MEEEDDDDIIOOOOOOOOO?!?!?”. Me asombró, no por la escena, sino por el mal que parezco estar engendrando en esta chica. En la soledad de este cuarto, me aplaudo.

Pero la calle no fue todo. También estuve en la playa donde viví otras coloridas experiencias. Tras ponerme un pomo de factor 30 todos los días, iba a la playa. Ahora, que loco no? Si vas a la playa te pones protector, ahora, si vas a pasear por la calle no. Qué onda? Somos boludos que pensamos que el sol discrimina?

En fin, allí iba yo, vieranme, caminando en malla y remera por la orilla del mar. Reflejando más luz que un espejo. Allá va el porteño recién llegado, véanlo lucir su blanco teta. Y así como fui, vine, porque no me quemé.

Caminaba por el agua, fría como la gran p…, mientras a mi alrededor se llevaba a cabo un circo que me hizo recordar que la gente toda, en alguna parte de sí, es bicha. La escualiducha con la bikini que se le arruga por todos lados porque no tiene nada que sostener. El pajabrava que se depiló el pecho y anda rascándose a lo pavote. La vieja con la musculosa beige y las calzas a rayas rojas (no, no es joda, vi una así traída de la máquina del tiempo). Y los infaltables pendejitos que van de un lado a otro tirándose arena con las manos, las palas, o los baldes, mientas corren salpicando a todo el mundo. Inocentes y jocosas criaturas del señor… malditos sean.

Pero nada, nada de todo ello, me había preparado para encontrarme con esta revelación. Una imagen que quemó mi retina y marcó mi existencia para siempre. Al principio pensé que era un lobo marino, pero luego recordé que esto no era Mar del Plata ¿Entonces qué hacía esa morsa ahí? La gorda, que indefectiblemente vive en la negación, se había puesto una bikini hecha de piolines y se había mandado nomás a la playa. Hija de puta!


Eso sí que es no solo no tener derecho, sino tampoco interés alguno por el bien ajeno. Hay leyes que prohíben esto! Colosal como heladera con peluca, se la presento a ustedes, como bien dijo un amigo, “La reencarnación de Buda”.









Así que bueno. Fueron unos días muy interesantes en la costa. Volví en bondi y como siempre, viajando con la mejor clase.










Pero los cielos hablan verdades, y no han jamás de ser denegadas. Por alguna razón mis horizontes no han sido brillantes, más la razón la he aún de descubrir. Los oscuros augurios aún me atormentan.


Pero bueno, ya veremos qué onda, por lo pronto les mando un saludo a todos aquellos que han tenido que tolerar mi presencia. Sí, el abanico lo rompí yo, perdón. Los pedazos están en el florero de la mesita del televisor.
 


Calor y urbe

By Errante Urbano
Dí con esta idea mientras me encontraba errando urbanamente buscando material para este blog, condenado sea, dicho de paso, el momento en el que elegí su nombre. “Errante Urbano”. Ahá… ¿Qué quiere decir eso? ¿De qué se supone que tengo que escribir? Teóricamente de lo que uno ve en la calle en el día a día ¿no? Bueno, pues bien, por esa razón me encontraba yo caminando sin rumbo por las calles de esta multifacética ciudad. Mezclándome en la urbe, codeándome con ella, frotándome con la gente en mi vano intento de seguir adelante.

Muchos de ustedes a esta altura estarán pensando “Y bue’ flaco… si no te gusta jodéte porque es lo que hay”. Si, ya lo sé. Pero mi supuesto cometido en este sitio es restregarles la realidad en la cara para que la vean con los ojos con los que la tienen que ver. Para que aprecien en su plenitud lo que todos ven la calle, pero que no “observan”. Acostumbrados a la realidad, incapaces de apreciarla con ojo crítico.

Pues eme aquí, y alabadme, pues he venido a iluminaros.

Pues bien, salís a la calle y ya estas pensando a que a lo mejor hay un boludo sentado en tu umbral comiéndose un “chegusán” (porque de otra cosa no califica esa masa amorfa que chorrea algo así como aceite y con las rodajas de tomate colgando de todos sus lados) al que le tenés que pedir permiso para salir de tu propia casa. En fin, saliste, cerraste, y te fuiste. Cara de orto por las dudas, nunca está de más, y ahí vas con paso seguro para que nadie piense que sos un gil. Claro que a los diez pasos empezás a menguar el ritmo porque te acordaste de a dónde tenias que ir y no te causa mucha gracia. Tenés que ir a cambiar una pilcha que te compraron porque te queda chica. Es imposible no pensar en el futuro de nuestra empresa, y en el calor que hace porque es verano, y en el hecho de estar encerrado en ese cambiador de mierda minúsculo teniéndote que probar ropa. El solo hecho de proyectarnos en este futuro poco deseado pero inevitable nos hace transpirar, así que mientras vas por la vereda del sol (porque en verano, por la razón que sea, siempre te toca ir por el sol), con la bolsita colgando de una mano, empezás a sentir el sudor goteándote por la espalda. ¡Pero que no decaiga! Te prendés un puchito y te olvidás.

Llegaste a la parada del colectivo, el sol pega como nunca. Viene el bondi. Mirás haciéndote el piola y pensás “Hay luz adentro, veo la luz de la ventana trasera, de seguro está vacío”. Le haces seña, frena y mientras subís te das cuenta que la luz que vos pensabas estar viendo no era sino el reflejo del parabrisas y que el bondi viene hasta la manija. ¡Puta madre! Bien, ok, sacás el boleto y empezás a empujar. El olor a sobaco es tan fuerte que casi pareciera tomar cualidades corpóreas, lo ves. Es como una bruma que emana de todos y cada uno de los pasajeros. Mientras empujás percibís, no sin cierto asquete, que tu brazo está rozando contra la grasienta piel de una gorda de brazos fofos que esta parada justo al lado de la maquinita. Tu brazo esta tan pegado que hasta empezás a sentir los latidos del corazón de esta foca humana, mientras es untado por una segregación aceitosa que supura su piel. Pero la mina no se da cuenta, por lo que con el mejor tacto posible la mirás y le decís “Permiso” a lo que la morsa da vuelta su rostro hacia vos y con cara de ojete comienza deslizar su masa corporal contra un costado. Para lo que a ella le representa un esfuerzo supra humano a vos te significan unos pocos milímetros de paso. Así que otra vez con cara de naipe mirás a la vieja pedorra que está del otro lado, vestida con un enterito que la hace asemejarse a un pokemón legendario, y volvés a elevar tu súplica. La mujer se hace la sorda, y ves como la gorda anterior comienza a retomar su posición inicial. Al mejor estilo Indiana Jones realizas un movimiento que requiere de toda tu habilidad contorsionista y te mandás por la abertura antes de que se cierre. Llegaste del otro lado, donde te recibe el sobaco de un flaco que viene de jugar al futbol y que usa tu rostro de toalla.

Tras haber luchado (siempre con la bolsita fuertemente agarrada) por salir de entre esa muchedumbre apretujada de forma tan ridícula, y casi haberte caído por la escalera en el intento, te reciben los agobiantes rayos del sol y la calurosa brisa de la media tarde. Se te presenta, no obstante, como se le presentaría un oasis a un viajero perdido en el medio del desierto.

Comenzás a integrarte en la manada de transeúntes que caminan en lo que parece ser una congregación de procesiones que van y vienen. Te unís a una de estas pequeñas manadas y continuas tu trayecto. Mientras vas caminando te das cuenta de que van todos más lento de lo usual, te basta con alzar la vista para determinar la causa del problema. Adelante tenés al clásico dominguero semanal, ese que ya sea un día hábil o fin de semana está ahí caminando como un pelotudo. Es flacucho, y va vestido con mocasines sin medias, o zapatillas deportivas con soquetes. Bermudas color kaki por debajo de las rodillas, cinturón de tela con detalles de triangulitos, y remera a rayas o chomba color pastel. Lleva el pelo peinado con una flamante raya al costado y un importante jopo. Probablemente usa anteojos de vidrios amplios y es medio narigón. Va de la mano con una mina que no sabés como carajo hizo para conseguirla, y obviamente, camina a paso de mula vieja. Ella va mirando hacia arriba, porque él es más alto SIEMPRE, y le va diciendo, con cara de “estoy hablando al botón” cosas como: “…es culpa de ella y vos no tenés por qué hacerte responsable… bla bla bla” o “…deberíamos haber ido por TAL lado… zarasa”. A lo que él responde con frases cortas mientras mira rigurosamente hacia el lado de los negocios. Pero no parece mirar las vidrieras, sino que parece estar estudiando en profundidad cada milímetro de ladrillo, pintura, vidrio y misceláneos, sin perder el más mínimo detalle. Es altamente posible que vayan con un niño ya sea en cochecito o a upa.
Harto ya de este obtuso personaje decidís sobrepasarlo, por lo que empezás a medir los espacios. Regla fundamental de la calle: el que obstruye, va siempre por el medio. Vas a intentar por el lado de la pared, pero está muy pegado, así que intentás por el otro lado, pero o está el pelotudo vendedor ambulante con la lonita tirada en el piso y sus artesanías expuestas, o el negro brasuca con la sombrillita cargada de alhajas (de misteriosa procedencia) y las dos o tres pendejas manoseándolas todas, o el de la mesita montada con caballetes que vende pelotudeces.
Retenés tu calma durante tres metros más hasta dejar atrás al vendedor y así pasar al pelotudo, claro que esto te lleva alrededor de diez minutos porque camina muy lento.

Lo pasaste, aires de libertad azotan tu rostro mientras aumentás la velocidad para llegar más prontamente a destino. En tu trayecto te cruzas con la fauna habitual. El de los olores raros provenientes de zonas extrañas de su cuerpo, que elige frenar de golpe y casi te lo comés crudo. Las pedejas que van zigzagueando por la calle agarradas todas de los brazos. La vieja chota (The power of Christ compels you!) con la bolsa. El negro con la mochila y ropa súper sucia. El darky-gotico-alterno-rockero que es un mejunje de colores extravagantes y tiene más púas que un cactus. La clásica madre agobiada que va con el cochecito, y que cree que su vida es tan ardua que tiene derecho de chocarte el pie con la rueda del armatoste portador de un futuro engendro. Todo un show.

Nuevamente un retraso, una pareja de ancianos, imposible de pasar dado que esta el florista, o el vendedor de garrapiñada que contamina con su alquimia el aire decadente de la ciudad, o quizá algún indecente vendiendo globos. En cualquier caso, lográs adelantar a la pareja en un violento envión lateral con el que te ganás sus miradas de desprecio (porque ellos QUIEREN que te quedes atrás) y tal vez un “¡Juventud desbocada!” desmerecido.

Finalmente sorteaste todos los obstáculos, y llegas a la meta. Tras unos minutos en los que te tenés que bancar que el vendedor te mire con cara de “Goooooordooo” porque le pediste un talle más y una buena sudada en el cuartito del dolor donde te mirás a ese espejo cruel y pensás “Goooooordooo”, estás listo para irte. ¿Pero realmente estás dispuesto a soportar toda la travesía nuevamente? No, tuviste demasiado. Por lo que le rogás a los dioses poder conseguir un taxi sin que ningún imbécil se plante unos metros adelante tuyo y te lo cague. Y tras haberlo conseguido, volvés a la seguridad de tu hogar.

Un relato cotidiano, en nuestra multifacética ciudad. Todos lo hemos vivido, pero ¿Cuántos somos capaces de percibirlo? Ahora vos sos uno más, bienvenido a mi mundo.

Saludos.Crimson King.
 


A falta de algo mejor

By Errante Urbano
A falta de un mejor material, más maduro, más crítico, más... menos barato (y dejemosló ahí), recurro a una vieja fórmula. Sí, vuelvo a publicar las charlas.

"Cómo?! Como cuando hacías Porteño y Loco?"
Si, exactamente. Pero esta vez, sin editar, puro copy/paste.

Pero lo voy a enfocar desde la siguiente óptica. Si a fin de cuentas este blog está creado para mostrar la perturbadora realidad humana ¿Qué mejor ejemplo que esta misma en su más pura escencia?
Sin más, a las pruebas me remito:

Gracias Pol por momentos como este (mensajes de texto)

Ta ta ta! Ratatata! Ta Ta! Guarda Pol! No dan cuartel! Ratatata! A la trinchera! Ta ta ta! No dejes de tirar! Ratatata! Ta ta ta! Ta ta! Banzai!!!

Ah buenooo flaco… que estas tomando? Dame un poco Dios! Billollhijalllllu tengo ganas de guerra toro! dame balas sheriff!

Ratatata! Allá están! Ignición! Ignición! Subite al helicóptero! Tatata! Ta ta ta! Nos vamos! Pum! Pum! Francotiradores! El piloto! MIERDAAAA! Ta ta ta!

Ahh los veo venir! Cuerpo a tierra carajo! Tatata! Tatata! Tatata! Me estoy quedando sin balas de plata

Granada! Kaboom! Tomen coreanos de mierda! Ta ta ta! Ratatata! Vamos Pol! Corramos! Tatatatatata! Tomen mierdas!!

Tatatatata! La puta madre! Estoy herido necesito veneno para seguir! Ah ah veneno veo tu luz mi cura mi bendición ahh voy con todo toro! Secuestremos a esa coreana!

Coreana!! Tomá mierda! Tatatata! Chau coreana!! Corré carajo!! El general Kobra nos espera!

Tatatata! A la lona con todo! Doy todo por Kobra, mi vida por el general! Tatata!

Mi vida por Kobra!

Nunca se sabe

El Astrólogo dice: hoy me llamo pancho
El Astrólogo dice: preguntó por vos
CRIMSON KINGﺥﺶﷲ dice: ke le pasa?
El Astrólogo dice: no se..
CRIMSON KINGﺥﺶﷲ dice: bueno... no es novedad

Something called life

El Astrólogo dice: men!
El Astrólogo dice: la estoy poniendo!
CRIMSON KING dice: espero que esta vez se trate de un ser humano al menos
El Astrólogo dice: no se...
El Astrólogo dice: no pregunto más

Nada nuevo bajo el sol
CRIMSON KING dice: ah eso!
CRIMSON KING dice: como les fue con las minas allá?
El Astrólogo dice: las flacas de él...
El Astrólogo dice: mirá..
El Astrólogo dice: vamos a decirlo así
El Astrólogo dice: parece como si hubieran usado demasiada droga
El Astrólogo dice: físicamente zafan
El Astrólogo dice: no son GUAU pero feas no son
CRIMSON KING dice: ...a los papeles, q paso?
El Astrólogo dice: nada
El Astrólogo dice: fue una que estaba triste porque habia cortado con el novio
El Astrólogo dice: otra que se encamaba con un profesor
El Astrólogo dice: y una tercera que estaba ansiosa de volver a buenos aires para decirle a un pibe que lo amaba
CRIMSON KING dice: Me imagino que fue una patada en las bolas
El Astrólogo dice: sep
El Astrólogo dice: porque yo te explico
El Astrólogo dice: yo estaba ahi en plan de "me garcho tres flacas hoy"
CRIMSON KING dice: la q se encamaba con el profesor tendria que haber entregado, es x lejos LA ZORRA del grupo.... es la que tiene q entregar
El Astrólogo dice: no.. porque... "estaba enganchada con el profesor"
CRIMSON KING dice: en resumen... 3 pelotudisimas boludas... ( y si, acabo de inventar la forma de meter "pelotudo" y "boludo" en el mismo insulto)
El Astrólogo dice: sep

Bizarreada
Hang Tucker dice: No sabés, bolu..
Hang Tucker dice: hay un fenómeno en el agua
Hang Tucker dice: debajo del agua
Hang Tucker dice: cuando viene la ola...
CRIMSON KING dice: que??
Hang Tucker dice: debajo de la cresta sale una luminiscencia flúo
Hang Tucker dice: verde y azul
CRIMSON KING dice: ¿¿¿???
CRIMSON KING dice: FOTO!! YA!!!
Hang Tucker dice: viene la ola, rompe...
Hang Tucker dice: y debajo de la espuma sale una luz verde y azul...
Hang Tucker dice: no es reflejo, viene de abajo del agua

(5 minutos después)

CRIMSON KING dice: y???

(5 minutos más)

CRIMSON KING dice: HOLA?!?!?
CRIMSON KING dice: TAS AHI?!?!!

No se pudo entregar el mensaje siguiente a todos los destinatarios:
HOLA?!?!?

No se pudo entregar el mensaje siguiente a todos los destinatarios:
TAS AHI?!?!!
 


Otro día en la fauna

By Errante Urbano
Miro hacia atrás y recuerdo ese día como si hubiese sido ayer…

…cuestión que mientras cruzaba la calle iba abriendo la cajetilla que llevaba en la mano. Saqué de ella un cigarrillo, y aprecié su aroma con una profunda y delicada inspiración. Con sutil y casi imperceptible movimiento de muñeca di llama al encendedor y encendí el cigarrillo. Cerré los ojos mientras me deleitaba con una buena pitada. Retuve el aire en la boca y a medida que lo comencé a lanzar me preparé para enfrentar esa realidad tan ajena a la de entre casa. Y lo que vi… me pareció una soberana mierda.

Cagadas de perro por todos lados, había llovido el día anterior, y por esas razones que uno no entiende a los perros se les revuelve el intestino cuando llueve, razón por la cual la calle parecía una zona minada. La temperatura templada y el cielo ambiguo (nubes por un lado, despejado por el otro, encapotado a lo lejos) hacían de ese día, un día más en la Capital Federal.

Mientras me aproximaba a la parada del colectivo venia relojeando que en la vereda de en frente había un negro con una caja de madera a los hombros con macetitas que tenían unas flores bastantes maltrechas. No tardó este en verme y cruzó corriendo en mi dirección. Reacción instantánea ante el estimulo de ver a un ente de estas características corriendo hacia mí con una caja por arriba de la cabeza, cerré los puños y puse mi mejor cara de “tirame la caja y sos boleta negro”.

“He vieja! Cinco peso’ las arañita’!! Cinco peso’ noma’ papá! ¿No queré’ arañita??”- Me atacó.

“Que baratas están las arañitas…” Pensé yo, “Y que caras las Ss porque ni una hijo de puta…”

Tras deshacerme del elocuente vendedor proseguí mi rumbo a la parada del colectivo. Recurrí a la regla universal de “me prendo el pucho y seguro que viene” y me di de entero a ello.
Tras encender el quinto cigarrillo vino el colectivo. Me subí y me arrimé furtivamente en la fila de asientos individuales buscando a aquella vieja que más pinta de bajarse pronto tuviera. Tras divisar a una con la cartera en la mano y haciendo amagues de levantarse, me apostillé a ella.
Dicho y hecho, quiso el universo regalarme un rayo de sol, la vieja se bajó a la siguiente parada. Me senté rápidamente mientras con el rabillo del ojo veía a un pelotón de viejas trepar por la puerta de entrada. El viaje siguió sin novedades por un tiempo.

Ya casi llegando a la zona de Montserrat asciende al colectivo una belleza exótica de piel morena y pelo oscuro y lacio. Vestida con unas sandalias rojas de tiras cuyos nudos subían por encima de los tobillos, una minifalda de jean, una suerte de pulóver rojo escarlata, un saco de media estación y cartera al hombro. Mientras la veo aproximarse con intención de sentarse en el asiento delante mío le dedico un pensamiento:
“…toga…”
Mientras prosigo mirando por la ventanilla mi atención se ve captada por los bruscos movimientos del ser fémino delante de mí que no lograba acomodarse como quería. Se mueve hacía un lado, hacia el otro, se levanta, se sienta, se saca el saco, no, no lo hace… se cerciora de que la ventanilla está abierta y aleja su rostro de la misma para luego impulsarla en esa dirección, como dando un violento cabezazo, que acompaña con el gutural sonido de poderoso escupitajo….

“GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHSSSSSSSSSPPPPPTTTTT!!!!!!”
...


…ATONITO ante semejante acto de barbarie miro con asombro la trayectoria del flamante garzo que cerca estuvo de aterrizar en la cabeza de una señora que caminaba por la vereda. Dirijo la mirada hacia la fémina, la cual se hacía terriblemente la boluda e intento buscar miradas cómplices en los demás pasajeros del colectivo. Pero para mi asombro nadie pareció haberla visto, o peor aún, a nadie le pareció siquiera mal.

Algunas paradas más tarde, la mujer ya no estaba y el colectivo iba bastante vacio. Mientras estoy estancado en un semáforo en la zona de Tribunales, en la calle un ente de características llamativas capta la atención tanto mía, como la de todos los demás pasajeros, conductores de vehículos y transeúntes de esa esquina. Se trataba de un travesti que llevaba unas calzas de tiro bajo, bastante bajo. Tan bajo que dejaba entrever toda la mitad superior de su culo en el cual llevaba clavada, a fuerza de tirones, una tanga negra muy finita. Iba con un top y caminaba en una posición exagerada, por no decir ridícula, para sacar culo y pecho al mismo tiempo. Pero lo peor de todo no era nada de esto. Sino que el muy sátiro estaba totalmente pelado y llevaba bigote al mejor estilo Alfonsín.

Pasado este penoso acto se suben una mujer de mediana edad vestida con musculosa y pollera larga negras, rubia, arreglada, y un hombre vestido con vaqueros y camisa de jean con acento aparentemente del interior. El sujeto iba hablando con la mujer mientras esta intentaba cortarle el diálogo y alejarse de él. Evidentemente ya desde la parada ella tenía los ovarios al plato y el tipo no cortaba con la verborragia. Tras sacar el boleto el tipo se sienta en el primer asiento de mi misma fila (la individual), el que mira para adentro del colectivo, y ella se sienta en la misma fila, mirando para adelante, pero dejando un asiento de por medio. Ya no cabía duda, no venían juntos. Durante el trayecto él alzaba la voz para hacerse oír por encima de los ruidos del motor y de la calle, y ella le contestaba poco y nada.
Finalmente la mujer se levanta y se dirige a la puerta de descenso de en medio del colectivo. Y el tipo, sin dejar de mirarla, comienza a abrir la boca. Pero esta vez no es una palabra lo que sale de ella sino un espumante salivazo que impacta sobre la pollera negra de la mina sin que esta se dé cuenta.
¡Hijo de puta!

Cuando me tocó bajarme a mí me apoyé en la baranda de forma tal de quedar mirando en la dirección del sujeto, no fuera a ser que me quisiera escupir a mí también… Pero por suerte nada pasó. No me culpen por ser precavido, ya había visto suficientes escupitajos como para quedar susceptible.

Tras bajarme en mí parada, un rincón del planeta olvidado por los dioses, donde el sol pega durante todo el día y donde el calor de las baldosas te derriten la goma de las zapatillas, respiré hondo y me encaminé a la universidad. Tras atravesar ese hostigante flagelo de calor llegué por fin al refugio del edificio.
Unos minutos y dos cafés más tarde me encontraba en el aula donde se dictaba, si mal no recuerdo, la materia Impuestos.

Normalmente mis días tienen una cuota de bizarreada, y ese día ya la había cumplido. De ahí mi asombro al ver que las sorpresas no habían terminado.
A mi lado se sienta un tipo grande, corpulento, gordo, vestido con jean y remera blanca. De pelo color zanahoria, brazos pecosos, pelo ralo y casi imperceptible en una piel engordecida y que supuraba una especie de grasa antinatural. El sujeto, no hace falta que lo diga, tenía cara de nabo y era feo. Pero como broche de oro, como para rematar el día, tenía tatuado en el brazo un trébol de cuatro hojas de apariencia bastante homosexual…
¿Cómo es un trébol de apariencia homosexual? Esa es una pregunta que responderé en otra ocasión.

En fin… un día más en fauna porteña. ¿O no?
 


He vuelto...

By Errante Urbano
De momento solo eso... pero me parecia bueno que lo vayan sabiendo...
 


La verdad... le quitan las ganas a uno

By Errante Urbano
Tenia planeado hacer un post basado en temas de interés general. Pero dadas las circunstancias me veo en la obligación de mandar al frente a estos hijos de puta de Blogger. Resulta ser que por el simple hecho de que te OBLIGAN a updatearte a la nueva version del blogger tuve que remodificar todo el diseño de esta página porque el anterior no me lo aceptaba.
Al loggearte tenes la opción de entrar en "la nueva version" o "la anterior". Yo usaba la anterior, pero resulta ser que despues de que trataba de entrar me decia que me tenía que updatear a la nueva... "SI QUERÍA". ¡Si quería las pelotas! Porque mas bien dicho era una onda "o te updateas o te cagás, no te dejamos entrar". Y por esa razón no tuve más opción que hacerlo.

Asi que de momento se me fu al carajo todo mi diseño anterior y me tengo que apañar con esta mierda, que dentro de todo es la mejor que encontré.

Asi que de momento eso. Ya saben.
Siempre que tenes una linda página en internet, los forros que hacen de servidor empiezan a colgarte banners que te descompaginan el sitio, o te rompen las bolas con otras cosas. Motivo por el cual tenes que volver a retocar el diseño una y otra vez.

Ojalá se mueran.
Saludos.